El hormigón y la felicidad

Siendo este como es el primer texto del año, permítasenos empezar deseándonos un muy feliz 2007. Y feliz habrá de ser, si confiamos en los presupuestos generales, planes directores y programas electorales varios, que muestran todo su vigor durante estos meses preelectorales. Como siempre desde el lejano (¿?) s. XIX, las mayores promesas de dicha espiritual llegan de la mano de la contundencia material. No precisamente, como los ingenuos y trasnochados podríamos pensar, la de la ansiada terminación de la autovía del Cantábrico o la de la soñada consecución de una red ferroviaria en condiciones, no. Por fin se atenderán las demandas más urgentes: para la tierra sedienta (todo el mundo sabe que Asturias es tierra de sequía donde las haya), el agua de vida almacenada por la potente presa de Caleao; para la hercúlea industria y su comercio, el no menos hercúleo muelle del Musel; para las masas menesterosas de techo y calor, las extensas urbanizaciones de nuestras acogedoras costas; para aliviar la congestión del tráfico en el Occidente y el Huerna, la majestuosa autovía a Ponferrada; para estimular la contemplación y conservación del Paraíso que nos sirve de reclamo, el proyecto de una magnífica autopista de Ribadesella a Covadonga (lástima que no parta del fondo mismo del Enol y desemboque bajo las olas de Santa Marina, para que incluso nuestras aguas, dulces y saladas, puedan ser visitadas como merecen); para alimentar nuestra desbordante actividad, nuevas líneas de alta tensión y plantas regasificadoras … Tan felices se aventuran estos nuevos tiempos, que es raro encontrar quien tenga ganas de salir de nuestra tierra (Air Asturias cierra vuelos por falta de pasaje), que apenas se halla quien vea otros problemas más allá de las infraestructuras. Porque las infraestructuras, claro, arreglarán todo lo que tienen encima: el campo languideciente, la pesca amenazada, la industria renqueante, la universidad decadente, la investigación e innovación inexistentes, la juventud ausente e incluso el clima cambiante. En este 2007 descubriremos por fin que, tal y como llevan años diciéndonos sin que nos acabemos de enterar, la felicidad (o el bienestar, que parece más modesto) depende del hormigón y del asfalto.

2 Respuestas a “El hormigón y la felicidad”


  1. 1 axasturias 16 Jan, 2007, 11:59 am
  2. 2 Angel de Olavide 17 Jan, 2007, 8:06 pm

    Air Asturias suspende operaciones. Noticia de hoy en los peridodicos. Dicen que la culpa es de la franja de horarios adjudicada.
    Ayer, en una reunión, uno de los mejores expertos de España en innovación decía algo así ” sin las administraciones públicas regionales es imposible producir innovación. Pero cuando las adm. pub. creen que la innovación es inventarse negocios que no existen o cubrir deficits de negocios ruinosos que se lanzan solamente para obtener subsidios apaga y vámonos”
    El post es brillante. Esperemos que la picardía irónica que lo recubre sea entendida debidamente.
    Feliz 2007 para todas, todos…

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